Entrevista a Jorge Sola, secretario general de la CGT. Antes de su desembarco en la ciudad, el gremialista habló con Rosario/12 sobre el modelo económico del gobierno y la necesidad de reconstruir un proyecto nacional.
Por Rubén Milito.
Jorge Sola tiene 60 años, nació y vive en Venado Tuerto, es técnico mecánico, profesor de biología, abogado, diplomado en sociología y ciencia política. Desde noviembre integra la conducción tripartita de la CGT junto a Octavio Argüello y Cristian Jerónimo. El miércoles 6 de mayo estará en Rosario para presentar Lealtad a la Justicia Social, el documental dirigido por Walter Peña y Nicolás Cuiñas que reúne testimonios de dirigentes sindicales, referentes de derechos humanos y figuras de la cultura. La proyección será a las 18 en la Sala de Empleados de Comercio, en Corrientes 450. En diálogo con Rosario/12, Sola analizó el escenario político y económico argentino, cuestionó con dureza las políticas del gobierno nacional y defendió la necesidad de reconstruir lazos solidarios frente a un modelo que, según sostiene, “corrompe la idea de libertad”.
-Apertura económica indiscriminada, el deterioro del salario y el incremento de la desocupación junto a una revolución tecnológica. ¿Cómo se para la CGT frente a un escenario de tormenta perfecta?
—Hay varios desafíos para los trabajadores y para la representación de los trabajadores. El primero es oponernos a una política económica que va en contra de los intereses de los que menos tienen, de los trabajadores formales, informales, monotributistas, independientes y autoemprendedores. Esta política económica no piensa en el trabajo en general sino que muy por el contrario tiene búsqueda de ganancias extraordinarias para los sectores más poderosos de la economía argentina. En ese sentido, se traduce en políticas del gobierno que no solamente van hacia la destrucción del entramado del tejido social y productivo, de pymes, sino que también van en contra de los derechos individuales y colectivos de los trabajadores. La última ley de reforma laboral llamada de modernización genera transferencias hacia sectores más concentrados. La creación del Fondo de Asistencia Laboral es un claro ejemplo de cómo se va a transferir dinero de los trabajadores y futuros jubilados a las cajas de los empresarios para que paguen las indemnizaciones. Pero además se quitan derechos, y no solamente a los trabajadores, sino también a las representaciones de los trabajadores. Así que por un lado tenemos la responsabilidad de oponernos en forma directa hacia ese ataque a los trabajadores. La segunda cuestión es claramente tener una asociación estratégica con aquellos inversores genuinos en la Argentina que pretenden crear fuentes de empleo y que hoy esa política de apertura económica les impide. La política de apertura indiscriminada, sobre todo en el interior profundo, en el corazón productivo, que es Córdoba, Cuyo, Santa Fe y Buenos Aires, destruyó más de 22 mil empresas y provocó la caída de más de 300 mil puestos formales. Y esto es producto de una mirada no industrial por parte del gobierno, sino que pretende darle ponderación a aquellas actividades de carácter extractivo, la agroindustria, el sector energético, minero y el sector de servicios financieros, que son las únicas actividades que han crecido.
—Sobre el final de los noventa existían mesas de diálogo entre distintos sectores para pensar una salida de la crisis. Hoy pareciera no existir un espacio semejante.
—En principio hay sectores que han apostado a que este proyecto les brinde los beneficios que pretendían. Y esos sectores son los de inversión, claramente. Creo que, transcurridos ya dos años y medio de este gobierno, los resultados están a la vista. No es solamente el mal humor social, sino que los propios empresarios que quizás creían que podía haber acá una alternativa de crecimiento para la Argentina se dan cuenta de que han ido en contra de sus propios intereses. Y en definitiva empiezan a tejerse esos lugares de encuentro entre quienes somos socios estratégicos: los que invierten genuinamente para crear empresas y los que ponemos la fuerza de trabajo, que somos los trabajadores. Pero eso tiene que derivar en una mirada social y en un nuevo contrato social para un país productivo, con desarrollo y trabajo. También hay una demanda de un proyecto político alternativo que incluya a esa asociación estratégica y ahí la CGT puede cumplir un rol fundamental tratando de convocar a todos los sectores de lo que se pueden denominar espacios nacionales y populares. No solamente está el peronismo, también está el radicalismo de base, sectores del socialismo, como ocurre en Santa Fe, y también los partidos provinciales. Me parece que de acá al año que viene, donde habrá elecciones presidenciales, pueden ir profundizándose esos encuentros.
—El próximo miércoles vas a estar en Rosario presentando el documental Lealtad a la Justicia Social. Más allá del valor cinematográfico, parece un acto político importante en este contexto.
—Sí, efectivamente. Tiene primero una acción importante que es acercarnos, quienes somos secretarios generales de la CGT, a las distintas regionales. Hemos estado en Mendoza con esta actividad, también en Córdoba, estuvimos en La Plata y ahora vamos a Rosario y luego a Venado Tuerto. La idea es reunirnos con los representantes de los trabajadores y que de primera mano nos cuenten las vivencias que tienen. Seguramente coincidiremos en muchas cosas, pero como pretendemos un país federal, muchas de las soluciones tienen las propias características de cada lugar.
—Da la impresión de que hay una intención de escuchar mucho a las organizaciones y a los afiliados frente a este escenario.
—Sí, claro. Es una escucha activa. Las verdades no son absolutas y se construyen con verdades relativas. Cada uno puede expresar lo que está pasando no solamente en su actividad sino también con mirada hacia el futuro. Precisamente el título del documental es eso: “Lealtad a la Justicia Social”. Nosotros creemos que en un gobierno donde se pregona la palabra libertad y donde se la corrompe como se la está corrompiendo, hay que discutir qué libertad existe para aquel que no puede trabajar, que no llega a fin de mes, que se endeuda familiarmente o que no puede mandar a sus hijos a estudiar. Para esa persona no hay libertad. Por lo tanto, creemos que toda libertad debe tener el activo de la justicia social, que precisamente es lo que el Papa Francisco decía: tratar de darle a cada uno lo que necesita y se merece. También está esta búsqueda de ir a los márgenes, de ver las necesidades y poder tender una mano desde los vínculos solidarios, algo muy arraigado en el gremialismo. Y por supuesto esto tiene una mirada política, que es empezar a creer que hay un futuro que nos incluye como trabajadores y que es mucho mejor que la realidad que estamos transitando.





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