Omar Maturano tomó un rol protagónico en la cumbre del los disidentes del FreSU y terminó de detonar su histórica sociedad con el líder de la UTA, Roberto Fernández. Elegido por el Gobierno como «enemigo» el líder de La Fraternidad busca un paraguas bajo el cual dar su propia batalla. El transporte, sector sensible para el humor social, empieza a mostrar síntomas de agotamiento del ajuste y enciende las alarmas a diario por el malestar de los pasajeros.
La instantánea de Omar Maturano en el Primer Plenario del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) que se realizó el 1° de mayo en Pilar abrió una caja de Pandora en el sector del Transporte que, por lo pronto, selló el quiebre de la histórica sociedad entre La Fraternidad y los colectiveros de la UTA. Es que en el mismo plenario había dirigentes disidentes a Roberto Fernández en su gremio por lo que automáticamente fue leído por como una traición.
Fernández que, como anticipó InfoGremiales, se encuentra atravesando en un sostenido proceso de descomposición de la UTA incluso llamó a varios dirigentes para poner el grito en cielo y advertir que la participación de sus opositores en cualquier espacio sería leído como una intromisión en su gremio. Pareció no importarle a Maturano. Las amenazas sin ser escuchados ratificaron su debilidad.
El fraternal atraviesa por estas horas su propio calvario. Es que tras la desproporcionada multa que le aplicó Capital Humano por una supuesta ruptura de la conciliación obligatoria, busca algún paraguas que lo cobije. Supo tener el del barrionuevismo, aunque siempre se jactó de ser un lobo solitario, y más tarde el de la UGATT. Hoy parece más bien aislado y sin conseguir una defensa corporativa sobre su sindicato.
«No se puede pagar. Esa multa es para que bajemos la persiana», la confirmaron a InfoGremiales desde el gremio de conductores de trenes que Maturano todavía conduce con puño de hierro. Aunque por primera vez empiezan a surgir dudas sobre la estrategia. La situación es muy delicada y las consecuencias de un paso en falso podrían ser irreversibles. Adicionalmente algunos sospechan impericia del equipo legal que podría dejarlos expuestos.
De hecho el pasado jueves el propio Maturano tuvo un paso por la tarde por el Ministerio de Economía. Buscó alguna línea de negociación con la gestión libertaria que le otorgue un salvoconducto ante la multa: «No podemos hacer nada. Todo depende de Sandra Pettovello. No está en nuestras manos», dijeron los funcionarios y descartaron cualquier intervención.
Más tarde, ese mismo día, confirmó su participación en el plenario del FreSU y al otro día protagonizó uno de los discursos más encendidos. Apuntó contra el Gobierno Nacional, pero también contra los dirigentes del PJ y contra sus pares de la CGT, especialmente concentrado en el rol que ocupan «Los Gordos» en la toma de decisiones de Azopardo.
La sospecha de Maturano es que él mismo se convirtió en uno de los objetivos libertarios para tratar de cambiar el eje del debate público en pleno escándalo de Manuel Adorni. Las señales están: la multa sin precedentes, los sucesivos informes en los medios sobre su situación personal y patrimonial y el cierre del cerco respecto de charlas para buscar una alternativa.
Como sea, la otra certeza en medio de la dispersión de las organizaciones del Transporte que dejaron de tener un sólo lugar de pertenencia para golpear con un sólo puño es que el ajuste de la gestión libertaria empieza a llegar a su límite. Cada vez son más frecuentes los problemas con los pasajeros tanto en las cabeceras de los colectivos como en las estaciones de trenes.
Quienes mantiene la memoria histórica de las crisis en la Argentina recuerdan que allí empezó a caldearse el humor social en otros momentos y desde ese lugar se propagó hacia otras actividades. Un combo que suele encender una mecha que nadie sabe como termina.




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