El secretario de prensa de la CGT y general del SAT, Horacio Arreceygor se refirió a la herramienta FAL, que plantea el proyecto de reforma laboral, cuyos fondos afectarán sensiblemente al sistema previsional.
La creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), incluida en la reforma laboral que el Gobierno llevará al Senado el próximo 10 de febrero, despertó un rechazo frontal en el sindicalismo. Para Horacio Arreceygor, secretario general del SATSAID y secretario de Prensa de la CGT, el fondo no es una herramienta de protección laboral sino un negocio financiero montado sobre el sistema previsional.

Arreceygor fue directo y sin rodeos: el aporte del 3% previsto para el FAL no lo pagan las empresas, sino los jubilados. En su razonamiento, ese porcentaje surge de una compensación que reduce los aportes patronales al sistema jubilatorio, lo que implica sacar recursos de la ANSES para destinarlos a un fondo separado. Por eso afirma que “lo pagan los jubilados”, aunque el descuento no sea visible en el recibo de sueldo.
La lógica que describe el dirigente apunta al corazón del esquema: se crea una “montaña de plata” con aportes mensuales de todos los trabajadores, pero ese dinero no refuerza la seguridad social ni mejora jubilaciones presentes o futuras. Por el contrario, se canaliza hacia un fondo que, según su mirada, queda expuesto a la lógica de la especulación financiera. De allí la definición de “timba”, un término que remite a negocios privados con recursos de origen social.

En esa lectura, el FAL no resuelve el problema del empleo ni protege derechos laborales. Abarata el despido, garantiza liquidez a las empresas y al mismo tiempo debilita el sistema solidario que sostiene a millones de jubilados. Para Arreceygor, el fondo no es neutral: implica una transferencia de recursos desde la previsión social hacia circuitos financieros que nada tienen que ver con el bienestar de los trabajadores.
Con la reforma laboral en agenda del Senado para el 10 de febrero, la definición del dirigente del SATSAID resume una advertencia política clara: el FAL no es un simple cambio técnico. Es, en su visión, una decisión de fondo que enfrenta dos modelos opuestos: uno basado en la solidaridad previsional y otro que convierte los derechos laborales en una nueva fuente de negocios financieros.

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