La Unión Obrera Metalúrgica entra en una semana decisiva. Desde este lunes y hasta el miércoles se votará en las 54 seccionales del país para elegir delegados, que el 18 de marzo definirán la nueva conducción nacional de uno de los gremios industriales más importantes de la Argentina. En el centro de la escena está Abel Furlán, actual secretario general, que no sólo busca sostener su liderazgo nacional sino que pone en juego su propio bastión: la seccional Campana-Zárate.
En esa regional estratégica, Furlán enfrentará a una lista opositora encabezada por su ex aliado, Ángel Derosso. El dato no es menor: hace 30 años que no se presentaba una lista disidente en esa seccional. La sola existencia de competencia interna ya refleja un clima distinto dentro del sindicato.
Derosso fundamentó su candidatura en el malestar de la base. “No tenemos salud, vivienda, educación, esparcimiento, y ni hablar del salario; el salario básico de convenio del metalúrgico es paupérrimo”, afirmó al lanzar su lista. El reclamo salarial atraviesa toda la discusión: en un contexto de fuerte pérdida del poder adquisitivo en el sector industrial, la presión sobre la conducción se profundizó.
La disputa no es sólo económica. A Furlán le cuestionan haber priorizado su alineamiento político con Cristina Kirchner y La Cámpora por sobre la agenda estrictamente sindical. Esa crítica se potenció tras la denuncia publicada por Clarín sobre un acuerdo firmado en febrero de 2023 que cedió la administración de los aportes sindicales a la empresa USEM, señalada como vinculada a dirigentes cercanos al kirchnerismo.
Según esa publicación, el convenio —firmado bajo cláusulas de confidencialidad— otorgó a la firma el manejo de una recaudación que superaría los 100 millones de pesos mensuales. Para sectores internos, el debate no es sólo político sino también de control y transparencia sobre los recursos del gremio.
Con cerca de 200 mil afiliados, la UOM ya no tiene el peso determinante que supo ostentar en los años de la llamada “patria metalúrgica”, pero sigue siendo un actor clave en la industria y en el mapa sindical argentino. Por eso estas elecciones no definen únicamente nombres propios: están en juego el modelo de conducción, el control territorial de las seccionales y la estrategia del gremio frente a un escenario económico adverso.
Si Furlán retiene Campana-Zárate y consolida apoyo en otras regionales, llegará fortalecido a la votación del 18 de marzo. Si pierde terreno, podría abrirse una etapa de mayor fragmentación interna.



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