Yerba mate y trabajo infantil: Ponen la lupa sobre UATRE y exigen que explique qué hace para proteger a los cosecheros

Yerba mate y trabajo infantil: Ponen la lupa sobre UATRE y exigen que explique qué hace para proteger a los cosecheros

El mate puede ser una de las bebidas más arraigadas de la Argentina, pero detrás de cada paquete de yerba también existe una realidad laboral que vuelve a quedar bajo la lupa: pobreza, precarización y denuncias de trabajo infantil en las zonas de cosecha.

 

Una campaña denominada “Mate Libre de Trabajo Infantil” volvió a instalar el reclamo para que el Congreso Nacional avance con una legislación que permita certificar la yerba mate producida sin participación de niños y adolescentes en las tareas de cosecha.

La iniciativa, que comenzó en 2014 y volvió a difundirse con fuerza en los últimos días, sostiene que los consumidores deberían contar con herramientas para conocer bajo qué condiciones laborales fue producida la yerba que llega a las góndolas.

Y en medio del reclamo aparece una pregunta inevitable dirigida a UATRE, el sindicato que representa a los trabajadores rurales: ¿qué controles realiza el gremio para detectar y denunciar situaciones de explotación y trabajo infantil en las actividades vinculadas con la cosecha?

La discusión no es menor. La cosecha de yerba mate en Misiones tiene históricamente una fuerte presencia de trabajadores temporarios y familias enteras que dependen de la actividad. En ese contexto, las condiciones de contratación, registración, transporte y vivienda de los cosecheros constituyen algunos de los puntos centrales de la problemática.

Una tragedia que volvió a quedar en el centro

La campaña recuerda un episodio ocurrido años atrás que se convirtió en uno de los símbolos de las condiciones de vulnerabilidad de los trabajadores rurales.

Según el relato difundido por los impulsores de “Mate Libre”, en un traslado hacia un yerbal viajaban numerosos menores en un camión en condiciones precarias. El vehículo terminó desbarrancando y murieron Fernando, de 13 años; Lucas, de 14; y Edgard, de 17.

El relato también reconstruye el dramático intento de Francisco Piñeiro, padre de Fernando, quien habría abrazado a su hijo para protegerlo cuando advirtió que el accidente era inevitable.

Más allá de la tragedia puntual, la campaña sostiene que aquel episodio expuso una problemática mucho más profunda: la vulnerabilidad de los niños y adolescentes que terminan vinculados con actividades productivas rurales en contextos de pobreza.

La pregunta incómoda para UATRE

El reclamo vuelve a poner el foco sobre los organismos que deberían intervenir frente a estas situaciones.

Entre ellos está UATRE, organización sindical con representación en el ámbito rural, que tiene entre sus responsabilidades gremiales la defensa de los trabajadores del sector.

La pregunta que queda planteada es concreta: ¿cuántas inspecciones sindicales se realizan en los yerbales?, ¿cuántas situaciones de trabajo infantil fueron denunciadas?, ¿cuántos trabajadores de la cosecha están registrados?, ¿qué medidas se toman cuando se detectan menores trabajando?

También resulta necesario conocer qué mecanismos existen para garantizar que los trabajadores rurales puedan denunciar irregularidades sin temor a perder su fuente de ingresos.

Porque una cosa es hablar de derechos laborales desde los escritorios y otra muy diferente es bajar a los yerbales, recorrer los lugares de trabajo y comprobar en qué condiciones viven y trabajan los cosecheros.

Una cadena que no termina en el yerbal

El problema tampoco se limita al trabajador que está en el campo.

La yerba mate atraviesa una extensa cadena productiva que incluye productores, contratistas, trabajadores, secaderos, molinos, distribuidores y grandes comercializadores. Por eso, quienes impulsan la campaña consideran que el consumidor también debería poder conocer el origen y las condiciones bajo las cuales fue producida la yerba que compra.

La propuesta apunta precisamente a crear una certificación de yerba mate libre de trabajo infantil, de modo que los consumidores puedan elegir productos que garanticen determinadas condiciones laborales en su cadena de producción.

El planteo busca trasladar la discusión desde los yerbales hasta las góndolas: si existe trabajo infantil, ¿quién controla?, ¿quién sanciona?, ¿quién protege a los chicos? y, sobre todo, ¿quién se hace cargo?

El silencio también es una respuesta

La campaña sostiene que los responsables de generar políticas públicas y controlar el cumplimiento de los derechos de niños y trabajadores rurales no pueden limitarse a exhibir estadísticas.

Y allí vuelve a aparecer UATRE.

El gremio tiene el desafío de explicar qué hace concretamente frente a una problemática que afecta a uno de los sectores que dice representar. No alcanza con declaraciones generales sobre derechos laborales si en los territorios donde se desarrolla la actividad persisten denuncias de precariedad y vulnerabilidad.

La discusión sobre la yerba mate no debería reducirse entonces a cuánto cuesta el paquete en el supermercado.

También debería incluir quién la cosecha, cuánto cobra, bajo qué condiciones trabaja y si detrás de esa producción existe trabajo infantil.

Mientras la campaña “Mate Libre de Trabajo Infantil” busca llevar el reclamo al Congreso, queda abierta una pregunta que interpela directamente a la representación sindical rural:

¿UATRE va a asumir el problema, mostrar sus controles y dar respuestas sobre las condiciones de los cosecheros de yerba mate?

 

Porque si el mate es una bebida nacional, la protección de los chicos que quedan atrapados en la cadena productiva también debería ser una cuestión nacional.

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