Paritaria docente: La piedra angular de los números de Macri

Paritaria docente: La piedra angular de los números de Macri

Para Mauricio Macri, la negociación con los docentes no empezó ayer, sino mucho antes. Arrancó hace un mes, cuando firmó el decreto 52/2018, que sepultó la paritaria nacional docente y dinamitó parte del poder de la Ctera, la confederación de maestros que arropa a uno de los enemigos declarados de la Casa Rosada: Roberto Baradel.

La puja salarial con los docentes es la batalla más visible, aunque hoy comparte vidriera con el enfrentamiento con Hugo Moyano, una guerra entre el Gobierno y un sector que Macri bautizó como "mafias" sindicales. Es además, históricamente, la paritaria testigo del sector estatal. El Presidente necesita que cierre en 15 por ciento sin cláusula gatillo, en línea con la meta de inflación para este año y a contramano de lo que a estas alturas indica la mayoría de los pronósticos, que la ubican en 20%.

La cláusula gatillo, que el año pasado fue la llave maestra de las paritarias, pasó a ser mala palabra para el Gobierno. Por otro lado, Macri está convencido de que en la paritaria docente está el terreno más propicio para avanzar contra los gremios que resisten la "revolución", que, reforma laboral mediante, imagina para el mundo del trabajo. Sin paritaria nacional que esperar y a la que tener que ceñirse, María Eugenia Vidal tuvo, en particular este año, vía libre para marcar el ritmo de la negociación con los maestros de la provincia. "Este año no vamos a dejar que Baradel nos corra con el calendario. Si no llegamos a un acuerdo en dos semanas, seguiremos negociando con los chicos en las aulas", repitieron en La Plata desde principio de año mientras se demoraba el primer llamado a los docentes. Los gremios ya avisaron que cerrar un aumento del 15 por ciento no es opción.

Sin embargo, cerca de Vidal están seguros de que el margen de Baradel para sostener un paro es hoy mucho menor que el año pasado, cuando el jefe del Suteba encabezó 16 días de huelga. A su histórica pertenencia al kirchnerismo suman el desgaste de su imagen, el costo político y económico de sostener una medida de fuerza en el tiempo y su reciente respaldo a Moyano, que consideran un "regalo" de la coyuntura.

Animado por ese combo, el gobierno bonaerense puso ayer sobre la mesa un plus por presentismo, un elemento siempre urticante para los gremios: 4500 pesos por única vez para quienes no hayan faltado nunca el año pasado. El premio por repetir esa conducta este año es una carta que Vidal se guarda para el próximo cara a cara con los docentes.

El saldo de la negociación con los maestros bonaerenses impactará además en todo el país. Cuando faltan casi dos semanas para el 5 de marzo, el inicio de clases solo está asegurado en Misiones. En el resto de las provincias los gobernadores esperan que Vidal termine de mover sus fichas para mostrar su juego. La mayoría no quiere (ni puede) salirse del corset del 15 por ciento. Con distintos grados de asfixia fiscal y económica, todos los jefes provinciales están obligados a recortar el gasto para cumplir con el Pacto Fiscal, que firmaron en noviembre del año pasado, y para no perder parte de los recursos que la Nación les gira todos los meses.

Mezcla de negociación "rectora", desafío clave para las previsiones económicas del Gobierno y pelea política de largo aliento para Macri, la puja con los docentes está en marcha. Sin margen para las dilaciones, empezó una batalla en la que se juega mucho más que el comienzo de clases.

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