Sindicatos y poder: unos pelean y otros logran beneficios

Sindicatos y poder: unos pelean y otros logran beneficios

Desde Alfonsín a Macri, el escenario negociador se repite. Gremios combativos que reclaman en la calle, conviven con dirigentes que negocian y sacan provecho.

El moyanismo sigue con el pie en el acelerador en su enfrentamiento con el Gobierno. Otros dirigentes, aprovecharon el momento de tensión para avanzar en acuerdos con el oficialismo. Los convenios colectivos, las negociaciones paritarias y las transferencias de recursos a obras sociales y gremios (a través del rubro “capacitación”) son algunas de las bazas en juego. Así, se repite un escena familiar de la relación entre la CGT y el gobierno de turno, un juego donde negociadores y duros buscan lograr los mayores beneficios para sus organizaciones.

Esta semana, José Luis Lingeri, protagonizó la firma de un acuerdo paritario “modelo”. El secretario general del Sindicato Gran Buenos Aires de Trabajadores de Obras Sanitarias (Sgbatos), 

acordó una suba salarial del 15%, el número mágico que alinearía los salarios con las metas de inflación definidas por el Gobierno y el Banco Central. El acuerdo incluye también una revisión dentro de nueve meses, y el pago de una suma del 2,8%, que corresponde a la “cláusula gatillo” acordada el año pasado. 

“Si este país no encuentra una salida vamos a estar con el gatillo en la cabeza, pensando que cada gobierno que asume al otro día hay que sacarlo, creo que ése no es camino de la Argentina”, declaró Lingeri tras firmar el acuerdo este jueves. Además de ser uno de los referentes más identificados con el oficialismo, en ésta y en anteriores gestiones, Lingeri es un hombre clave en la negociación por las obras sociales. La expectativa de muchos “negociadores” es que la tensión con Moyano les permita incrementar las concesiones que logran del Gobierno. 

Otro dirigente que mostró su intención de diferenciarse del moyanismo y su escalada combativa fue Sergio Sasia, titular de la Unión Ferroviaria, acordó con los ministros Jorge Triaca (Trabajo) y Guillermo Dietrich (Transporte) unificar los convenios colectivos de las líneas estatales. El acuerdo, incluye un programa de capacitación, un rubro clave para las organizaciones gremiales.

Así, se repite un clásico de la era democrática: sindicatos combativos, que reclaman en las calles, conviven con dirigentes que eligen el diálogo y el acuerdo. 

Unos y otros son parte de un tironeo permanente entre el poder que surge de las urnas y el que se define en cada rama de la producción. Desde Raúl Alfonsín hasta Mauricio Macri, todos los presidentes de la democracia han buscado ganar la adhesión de algunos jefes sindicales, para contrapesar a las voces más opositoras del gremialismo. 

Los sindicalistas, por su parte, buscan maximizar los beneficios que obtienen a través de la negociación con el Gobierno. La relación sigue mientras el oficialismo pueda ofrecer resultados, 

sean estos beneficios para las obras sociales, reglas que benefician a sus afiliados u otras normas que permitan fortalecer la posición de los gremios. El idilio dura tanto como la popularidad del mandatario. 

Cuando los vientos cambian de rumbo, los gremialistas también saben buscar un nuevo barco. Así, los “gordos” supieron separarse de Carlos Menem cuando intuyeron el ascenso de Eduardo Duhalde. También, veinte años más tarde, se comenzaron a distanciar de Cristina Kirchner cuando se intuía el fin de ciclo. 

La unidad actual de la CGT se originó, de hecho, en aquel momento. Antes de Cambiemos, el idilio con los gobiernos no peronistas fue siempre breve. Con acuerdos como los logrados esta semana el oficialismo busca revertir esta tendencia histórica, pero lo hace con una fórmula repetida: terciar en favor de los negociadores para desgastar a los duros.

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