El gremialista que siempre fue oficialista

El gremialista que siempre fue oficialista
Lescano fue un referente de Los Gordos, el sector de la CGT en que se apoyó el menemismo en los ’90, y condujo por casi tres décadas el Sindicato de Luz y Fuerza. Se definía a sí mismo como “oficialista de todos los gobiernos”.
Los restos de Oscar Adrián Lescano eran velados ayer en la sede del Sindicato de Luz y Fuerza, a cuya conducción llegó 29 años atrás, en los albores de la recuperación democrática. Antes había formado parte de la conducción gremial lucifuercista que encabezaba Oscar Smith, desaparecido durante la última dictadura, luego de enfrentar a la intervención militar en Segba con quite de colaboración, en defensa de una jornada laboral de seis horas. El robusto físico y el peso de Lescano colaboraron para el mote de Los Gordos, como bautizaron al núcleo de dirigentes que representaban a los gremios más numerosos del sindicalismo argentino. Con Los Gordos al frente de la CGT –donde Lescano fue secretario general temporariamente en 1992/93–, fueron el sustento sindical del gobierno neoliberal de Carlos Menem y sus privatizaciones, aunque luego fue uno de los primeros dirigentes cegetistas en enfrentar al riojano. En el nuevo siglo, se convirtió en uno de los más acérrimos enemigos del camionero Hugo Moyano y sus métodos de conducción de la CGT; tras la ruptura en 2012 se encolumnó con la CGT oficial que conduce el metalúrgico Antonio Caló, al que también abandonó por diferencias con el kirchnerismo. “Fui oficialista de todos los gobiernos”, sentenció en una entrevista concedida el año pasado.

Lescano tenía 80 años y había nacido en Lomas de Zamora. Fue empleado de la Compañía Italo Argentina de Electricidad (CIAE), trabajó en Segba y figuraba en la plantilla de empleados de la privatizada Edesur. Pero desde hace tiempo vivía ya en una “importante” casa de San Isidro y se movía en una camioneta 4X4. Algo de lo que se jactaba. “Antes, cuando publicaban algo así, me ponía loco... Ahora me río, me importa un pito”, respondió en una entrevista el año pasado.

Con el sector de Los Gordos –que conformó junto a Armando Cavalieri (Comercio), Carlos West Ocampo (Sanidad), Rodolfo Daer (Alimentación), Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (Uocra), Jesús Rodríguez (Smata) y José Pedraza (ferroviarios)– fue, a través de la conducción de la CGT, el resguardo sindical para la política privatizadora de Menem. Varios de esos dirigentes (Pedraza, Rodríguez, Martínez, Daer y el propio Lescano) estuvieron a la cabeza de la CGT durante los ’90.

Los Gordos representaban a una dirigencia sindical con un nivel de vida muy distante de la situación de los trabajadores. Especialmente tras las privatizaciones menemistas, donde no pocos sindicalistas saltaron a empresarios, manejando parte del paquete accionario de las privatizadas.

Lescano y Los Gordos se resistieron a que Moyano quedara al frente de la CGT luego de la fugaz conducción de un triunvirato, del que el camionero formaba parte. “La CGT está borrada porque Moyano le tiene miedo a Néstor Kirchner. Acató el pedido del Presidente de que quitara de los diarios el reclamo de aumento salarial. Con Moyano, la CGT se romperá”, auguraba Lescano en mayo de 2005. Aunque el principal reclamo de Los Gordos era la embestida del camionero contra algunos sindicatos del sector (mercantiles) en la puja por su presentación gremial. Terminaron dejando sus cargos en la CGT para quitarle representatividad al camionero cuando éste quedó finalmente como único secretario general de la central.

Durante la presidencia de Kirchner, Lescano se alineó con el reclamo de las privatizadas a favor del aumento de tarifas. “Teniendo en cuenta la situación de 2001, el Presidente tuvo una visión muy clara en el sentido de no incrementar las tarifas de servicios públicos como la electricidad, para que el país empiece a crecer”, se justificó para luego reclamar –en sintonía con las compañías– que entonces ya era “necesario y oportuno que se actualicen”. Lo decía en septiembre de 2007. La Federación de Luz y Fuerza ya era accionista de las empresas de energía. Tras los cortes masivos de energía del verano de 2010, Lescano varió de posición y reclamó que “una firma argentina se haga cargo de Edesur”. Pero no fue su único giro en distintas direcciones. En noviembre de 2012, después de que un apagón dejara sin luz a 850 mil hogares de la Capital y el conurbano, el Gobierno salió a denunciar que “alguien bajó la palanca”. Lescano, en tanto, volvió a defender a las privatizadas empresas de energía y sostuvo que fue un accidente provocado por “los álamos sin podar que impactaron con los cables de alta tensión”.

Fue fiel a sus viejos compañeros y defendió a Pedraza: “Es un preso político”, dijo Lescano, sobre la situación del ex secretario de la Unión Ferroviaria, quien estaba preso pero todavía no había sido juzgado por el asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra. “Para mí no mató a nadie. La Justicia tiene que juzgar a quien disparó y mató a ese chico. Pero no creo ni loco que Pedraza participó de eso”, dijo en una entrevista en 2011. También se solidarizó con el bancario Juan José Zanola, preso por la llamada “mafia de los medicamentos”.

En la última fractura cegetista, cuando Moyano se pasó a la oposición al kirchnerismo, Lescano se ubicó del lado de la CGT oficial que conduce el metalúrgico Caló. Pero se alejó de esa central sindical, decepcionado porque el kirchnerismo no les dio los lugares que Los Gordos pretendían en las listas del oficialismo para las legislativas de este año. “El Gobierno no quiere al movimiento obrero”, sentenció, luego de ponderar que otros sindicalistas formaran partes de las listas del peronismo disidente y antes de augurar “la unidad de la CGT” después de octubre. Una enfermedad detectada hace pocos meses le impidió poner a prueba su vaticinio.

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