El pasado jueves 5, la CGT Córdoba, la CGT Regional, y las dos CTA se movilizaron en el centro de la ciudad contra la reforma laboral y la reforma previsional provincial. Héctor Morcillo, secretario general de la Federación de Trabajadores de las Industrias de la Alimentación (FTIA) y directivo mundial de UITA, explicó a La Rel los motivos de la convocatoria y analizó la situación del sector de la Alimentación.
Las protestas continuaron ayer, 11 de febrero, mientras el Senado debatía el proyecto de reforma laboral, que finalmente fue aprobado y ahora pasará a la Cámara de Diputados.
El secretario general de nuestra afiliada señala que el eje central de las movilizaciones es el rechazo a la reforma laboral, pero además en Córdoba se suma el reclamo al gobierno provincial por la reforma previsional que afectó los ingresos de los jubilados.
“Hay una posición unánime de las centrales sindicales y del conjunto del movimiento obrero cordobés. Todos decimos que este proyecto precariza las condiciones laborales, otorga un poder discrecional a las empresas, implica una enorme transferencia de ingresos hacia el sector empresario y busca debilitar la organización sindical”, afirma Morcillo.
─El gobierno nacional dialoga con los gobernadores para avanzar con la reforma. ¿Qué sucede en Córdoba?
─No conocemos la posición del gobernador. Desde el movimiento obrero hemos solicitado audiencias con él y con los diputados nacionales por Córdoba, pero hasta ahora no hemos recibido respuestas. Esperamos que esta movilización genere una definición clara.
─¿Cómo está atravesando el sector de la alimentación esta coyuntura?
─La situación es similar a la del resto del país: hay una fuerte caída del consumo que impacta directamente en la actividad. Por ahora no hay despidos ni suspensiones masivas, pero el panorama es preocupante. Algunas empresas ya enfrentan serias dificultades, como el caso de Dalmacia, que quebró en Córdoba.
El problema de fondo es la pérdida del poder adquisitivo. La gente no solo dejó de comprar bienes como ropa o calzado, sino que empieza a recortar alimentos. Se priorizan productos básicos como leche y pan, mientras cae el consumo de fideos, tomates envasados o dulces. Esto deteriora la calidad de vida y reduce la actividad industrial: hoy hay empresas funcionando al 40 o 50 por ciento de su capacidad.

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