“No irritar a la Señora”, el pedido de Caló

El texto que frenó Caló se lamentaba por la erosión salarial de la alta inflación y una presión fiscal creciente

En medio de la caída salarial más comprobable, el aumento del desempleo y una inflación que no afloja, el metalúrgico Antonio Caló fijó su objetivo de la agenda sindical que se viene: “No irritar a la Señora”. Así se los dijo a sus colegas de la CGT oficialista y no se refería a su propia esposa, sino a Cristina Kirchner. En ese sentido, su mayor ofrenda fue haber bloqueado un documento consensuado entre varios sectores cegetistas que esbozaba algunas obviedades en materia socioeconómica que habrían arruinado esa suerte de Disneylandia K en que vive la Presidenta.

El texto que frenó Caló no planteaba nada revolucionario ni audaz. El primero de los 14 párrafos decía así: “La política salarial que acompañamos, caracterizada por el estímulo a las negociaciones colectivas libres y periódicas, la constitución anual del Consejo del Salario Mínimo y el aumento automático y semestral de los haberes previsionales, fue severamente afectada, especialmente en este último año, por el efecto combinado de la alta inflación sostenida en el tiempo y una presión fiscal sobre los ingresos de los trabajadores cada vez más elevada”.

¿Era tan terrible? ¿Tan digno de represalias presidenciales? En las últimas horas, el jefe de la UOM se animó a decir por radio que “este año hubo pérdida del salario real”, pero el jueves pasado, ante sus colegas del consejo directivo cegetista, fue el que decidió congelar el documento que había surgido un día antes de la “mesa chica” de esa central, con letra de los “Gordos” (Sanidad y Comercio) y de los independientes (Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingeri).

La declaración censurada por Caló y colegas como Omar Viviani también decía que “las previsiones de incrementos salariales” de las paritarias “han quedado desactualizadas en relación a los aumentos de precios, lo que ha deteriorado el ingreso real de los trabajadores”. Y añadía: “Este hecho incontrastable de la realidad se ha potenciado por la falta de una adecuada actualización de los mínimos no imponibles del Impuesto a las Ganancias y la nula progresividad de las escalas”.

La brecha interna en la CGT Balcarce también contamina las negociaciones para reunificar la central obrera. El documento finalizaba con “un llamado amplio a la unidad del movimiento obrero”, pero Caló también fue uno de los que advirtió el jueves a sus colegas que no estaban dadas las condiciones para concretarla, mucho menos si Hugo Moyano no ofrece dar cuanto antes un paso al costado. La UOM y otros gremios ultra-K (como taxistas y mecánicos, por ejemplo) insisten en esperar hasta después de las PASO para avanzar en cualquier gesto de unificación.

Lo que revela que la que pasó fue la semana en la que todos dieron marcha atrás, no sólo Caló. Cristina retrocedió ante la presión sindical al otorgar un alivio en Ganancias, el ministro Axel Kicillof también debió ceder porque era el principal enemigo de otorgar el medio aguinaldo sin descuentos y el sindicalismo opositor se desinfló porque debió levantar todas sus protestas.

Luego de haber machacado tanto contra los cambios en Ganancias, lo de Cristina fue una concesión al más crudo pragmatismo: los sindicalistas prometían un fin de año con protestas unificadas, en un mes siempre asociado al caos social. Aunque la falta de cambios tributarios de fondo sólo le permitirá a la Presidenta ganar tiempo hasta 2015: habrá una nueva ofensiva desde marzo. En la CGT Azopardo calculan que el alivio que producirá el pago completo del aguinaldo promedia los 1.500 pesos por trabajador. “Sólo el costo de una canasta familiar”, razonan.

Los gremios del transporte, que iban a estrenar un paro de 24 horas como bloque de poder autónomo, quedaron divididos tras la pulseada por Ganancias. Omar Maturano (La Fraternidad) y Roberto Fernández (UTA) presionaron para ponerle una fecha a la huelga antes que Moyano para no perder la iniciativa, mientras algunos aliados al camionero criticaron por lo bajo “a los que se preocupan tanto por cuestiones personalistas”. Mañana se reunirán para suspender el paro, aunque los maquinistas y los colectiveros podrían mantener una protesta el 25 y el 1° de enero: “Son días en que trabajamos el doble, pero lo que cobramos es para Ganancias”, se lamentan.

El que dispuso el trabajo a reglamento de los marítimos es Omar “Caballo” Suárez, pero como forma de presión para protegerse tras quedar procesado por el juez Rodolfo Canicoba Corral. El polémico jefe del SOMU sospecha que el Gobierno le soltó la mano y sus allegados aseguran que si cae preso no se quedará callado. Algo de eso insinuó mientras tomaba champagne la noche anterior a la sentencia, en Parque Norte, durante la celebración del Día del Marino Mercante, con funcionarios K como Horacio Tettamanti, subsecretario de Puertos y Vías Navegables.

Lo que le espera será peor que una tormenta perfecta a bordo. Sus rivales irán a la carga porque el estatuto del SOMU establece que ningún afiliado puede “hallarse procesado o haber sido condenado”. Y los empresarios que lo denunciaron por extorsión lo acusarán de haber incumplido la medida cautelar que le impedía hacer nuevas protestas que afectaran a los barcos. Hasta el papa Francisco, que dijo ayer que no recibirá más a políticos para no interferir en las elecciones de 2015, ¿dejará de sacarse fotos con sindicalistas como Suárez, que viajó varias veces al Vaticano y se jactaba de su supuesta amistad con él? Sólo falta saber qué hará Cristina Kirchner ante otro de sus sindicalistas favoritos que termina procesado. Después de haber dicho lo mismo de Juan José Zanola y de José Pedraza, la Presidenta debería replantearse la elección de sus “niños mimados”.

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