Divididos y revueltos en una sola CGT

Divididos y revueltos en una sola CGT

Tres grandes grupos integran el universo sindical, pero no logran conciliar una estrategia común frente a la compleja coyuntura política, económica y electoral.

Prácticamente la totalidad de los dirigentes sindicales aseguran estar en contra del modelo económico del gobierno de Cambiemos. La diferencia, no menor, es el camino elegido para confrontar con esas políticas dañinas para el trabajador. El Frente Sindical para el Modelo Nacional (FSMN) junto a las CTA, optaron por la confrontación a través del paro del 30A. Los que controlan la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) optó por un efectivo quite de colaboración del día del Trabajador. Mientras tanto, el binomio que conduce la CGT se limitó a seguir por los medios las alternativas de las medidas de acción directa de estos dos grupos. En concreto, la semana que pasó expuso con mayor crudeza la división que vive el movimiento obrero donde si bien nadie saca los pies del plato (léase romper con la central obrera), lo cierto es que aleja –cual utopía– aquello de que “todos unidos triunfaremos”. 

La Confederación General del Trabajo es la organización madre de todos estos grupos de gremios al que hay sumarle al desvencijado Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) que este último tiempo vive un proceso de diferenciación y distanciamiento interno. Pero es una madre a la que todos critican pero incluso los que se fueron, como las CTA, no dudarían en volver si es que se dan ciertas condiciones.

Bien se puede afirmar que a pesar de los cuestionamientos (fuertes y profundos) la diferencia con otros tiempos es que por ahora no se han gestado dos o tres CGT. Podría considerarse que el Frente Sindical se parece a un renovado Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), ese que lideró Moyano con la UOM y la UTA de Juan Manuel Palacios en tiempos del menemismo. En rigor, el FSMN le trajo al sindicalismo una renovada energía ante la quietud que predomina entre la conducción de la CGT.

El paro de este sector no sólo sirvió para mostrar que se puede confrontar con las políticas del gobierno de Cambiemos. También incluyó otros mensajes. El discurso de Pablo Moyano tuvo una particularidad y no sólo fue la potencialidad del FSMN sino la lista de gremios que realizó y a los que agradeció por hacer el paro a pesar de las amenazas del Gobierno. Al destacar el compromiso de todos los gremios aeronáuticos, los que integran las CTA y sobre todo a la agrupación de colectiveros que conduce el ex secretario de organización de la UTA, Miguel Bustinduy. En ese tramo de su discurso se podría decir que el secretario adjunto de Camioneros le hablaba al binomio que conduce la CGT y también le contaba las costillas a la CATT que, distanciada y enojada en particular con los Moyano, se emperró en hacer un quite de colaboración durante el feriado del 1 de mayo con el objeto de recordarles a todos el poder que tiene el transporte a la hora de hacer un paro general. Pero el paro del 30, mal que le pese a Juan Carlos Schmid, titular de la CATT, fue importante a pesar de su ausencia. 

De todas formas el ex triunviro vivió la jornada del Día del Trabajador como un triunfo propio y en declaraciones posteriores insistió en la necesidad de que la CGT llame a un paro general. Schmid es la cara visible de los gremios del transporte pero en rigor los que allí mandan son el ferroviario Omar Maturano (La Fraternidad) y en menor medida el titular de la UTA, Roberto Fernández. Este último pasará a la historia como el dirigente sindical que le pidió al gobierno de Cambiemos seguridad para los colectivos durante el paro del 30. 

Los gordos e independientes que controlan la CGT son conscientes de la soledad en la que viven pero confían en su fortaleza para negociar con el gobierno que los desprecia. Y esa fortaleza reside, además de su capacidad para hablar con el oficialismo de turno, en la potencia que expone la gran cantidad de afiliados que tienen a su interior. Sin embargo, también saben que tienen el sello y las llaves del edificio de la CGT pero que están lejos de ser los verdaderos conductores del movimiento obrero organizado.

En ese sentido, el que no hayan voces reclamando un cambio en la conducción de la central sindical no implica que la idea se haya desvanecido. Sigue fuerte y el paro del 30 profundizó ese objetivo e incluso lo amplió ante las conversaciones que existen, reconocidas por el canillita Omar Plaini y el maestro Roberto Baradel por dar dos nombres, para avanzar en el futuro a una central sindical única que contenga la CTA. No será fácil porque hay dirigentes, como Maturano, que reniegan del espíritu asambleísta de las CTA e incluso de los movimientos sociales. En todo caso, la diferencia que existe entre los que conducen el FSMN es que consideran que “no es el momento de adentrarse en una lucha que, al menos por ahora y frente al contexto político, no tiene sentido porque sólo desgasta y distrae de lo prioritario”. Entre lo que consideran fundamental en el Frente Sindical conviven la necesidad de confrontar al modelo macrista a partir de las herramientas que tiene el sindicalismo pero también desde el plano político electoral y por eso muchas de las caras del FSMN aparecen en la mesa de acción política que funciona en el Partido Justicialista. En ese espacio se cruzan con hombres de la CGT como Héctor Daer (sanidad).

El camino de la unidad y renovación de la CGT es en exceso complicado. Pero en este momento existen más organizaciones sindicales afuera del Consejo Directivo de la central obrera y eso es una muestra de lo imprescindible que es corregir la ausencia de conducción porque tampoco es suficiente la simple unidad en acción si eso no desemboca luego en una organización concreta.

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