Una victoria simbólica de Moyano

Una victoria simbólica de Moyano

Los segundos salieron afuera y Hugo Moyano finalmente se subió al ring emplazado en pleno cruce de avenida 9 de Julio y Belgrano. En un acto que se destacó por sus discursos escuetos y por momentos fríos, el sindicalista le puso un broche final al 21-F, la única ofensiva que tuvo a mano para defenderse de un volcán judicial que lo tiene en la mira por evasión y lavado de activos. "No tengo miedo de ir preso", lanzó casi como una premonición. 

Los segundos salieron afuera y Hugo Moyano finalmente se subió al ring emplazado en pleno cruce de avenida 9 de Julio y Belgrano. En un acto que se destacó por sus discursos escuetos y por momentos fríos, el sindicalista le puso un broche final al 21-F, la única ofensiva que tuvo a mano para defenderse de un volcán judicial que lo tiene en la mira por evasión y lavado de activos. "No tengo miedo de ir preso", lanzó casi como una premonición. 

La movilización fue multitudinaria y heterogénea, pero con gusto a poco. La sangría de dirigentes sindicales que en medio de portazos y traiciones dejó un escenario lleno de personas, pero con poca contundencia gremial. En uno de los picos de su proclama lanzó el cascotazo más duro: "Si tuviera un problema, tengo las suficientes pelotas para defenderme solo, no tengan ninguna duda. Estuve tres veces en cana, dos en la dictadura. Cuando muchos de los que están en este Gobierno estaban debajo de la cama. No me cagué nunca, siempre tuve las que tuve que poner, ahora voy a hacer lo mismo". 

Vestido con su clásico jean gastado y la misma camisa azul que utilizó para su retorno al careo de los medios, Moyano subió a las 14.40 al palco principal. Abajo se escuchaba un "Siga el baile, al compás del tamboril, si paramos camioneros, les paramos el país" que venía del sector más combativo de su gremio. 15.14 comenzó su discurso. 

Minutos antes, y preparando el terreno para el camionero, el secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Hugo Yasky, disparó munición gruesa contra el Gobierno: "Si quieren buscar ladrones, les pasamos una dirección: Balcarce 50, una Casa Rosada". Antes pasaron el otro lìder de la CTA, Pablo Micheli, el bancario Sergio Palazzo (que viene de radicalizar su postura con una serie de paros en medio de la discusión paritaria) y el único triunviro  de la CGT que no dejó solo a Hugo, Juan Carlos Schmid, su delfín sindical. 

El abandono que sufrió por parte de los ex aliados sindicalistas trasladó la estelaridad del escenario hacia las bases. Por la avenida más ancha del país  se desplegaron muchísimas personas de diversas extracciones. Aunque lo subestime, el último deseo del Gobierno es que coincidan tantos sectores que hasta hace poco se miraban de reojo.

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