Tras el reto de Cristina a Caló, Moyano apura la unidad sindical

Se reactivó el diálogo entre las centrales oficialistas y opositoras; apoyo al líder de la UOM
Con el reto público a Antonio Caló, Cristina Kirchner allanó el camino para la eventual unidad de la CGT. Las negociaciones que hasta hace unos días parecían imposibles se activaron la misma noche en que la Presidenta atacó retóricamente al jefe de la central oficialista por haber cuestionado la inflación y confesar que "a la gente no le alcanza para comer".

Dejando de lado sus matices, el sindicalismo se abroqueló detrás de Caló, en una muestra de respaldo. Las voces de apoyo surgieron desde los dirigentes más alineados con el Gobierno, como es el caso de Hugo Yasky, referente de la CTA kirchnerista, y de los opositores, encabezados por Hugo Moyano.

"Estoy de acuerdo con Caló. Nuestra tarea es expresar lo que les sucede a quienes representamos", se solidarizó Yasky, que admitió que "hay trabajadores que pasan hambre". Mientras que Moyano calificó de "inaceptable" y "lamentable" la embestida de la Presidenta, a quien acusó de "provocar algo para justificar su salida" del Gobierno.

Curiosamente, ninguno de los referentes de la CGT oficialista salió ayer a respaldar públicamente a su jefe tras el reto de la Presidenta. Es más, dos de sus principales espadas, como lo son Gerardo Martínez (Uocra) y Ricardo Pignanelli (Smata), eludieron la polémica en un intento de poner paños fríos en el vínculo con el Gobierno. Tal vez hoy se conozca una postura orgánica.

Cerca de Moyano consideraron que las críticas presidenciales y la coyuntura económica "aceleran" la negociación para intentar buscar coincidencias con la CGT de Caló. Los moyanistas hasta se entusiasmaron con un inminente encuentro, en el que confluirían sectores de las tres vertientes en las que está hoy dividida la central.

Sin embargo, Caló rechazó ayer un posible acuerdo con el sindicalismo opositor. "No voy a hablar por unos días ni me voy a reunir con nadie de [Hugo] Moyano", dijo a LA NACION. Su silencio sería estratégico porque aún mantiene una esperanza de restablecer el vínculo con la Casa Rosada. Siguió así al pie de la letra los consejos de un jerárquico cegetista que sugirió "bajar los niveles de confrontación". Y avanzó en la misma línea a última hora del día, cuando desde su entorno se echó a correr la versión sobre un encuentro con Cristina Kirchner en la residencia de Olivos. Habrían estado con la Presidenta él, Omar Viviani y el estatal Andrés Rodríguez. Hasta anoche, la reunión no había sido confirmada oficialmente por el Gobierno.

Durante la misma jornada, Caló encabezó en Lugano el encuentro de los referentes de su gremio, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). En todo momento intentó minimizar el cruce con "la señora", como él llama a Cristina Kirchner, y priorizó afinar la estrategia para las paritarias del sector, que comenzarán el mes próximo. Allí, delante de sus colegas metalúrgicos, dijo que iba a ser recibido por la Presidenta "para hablar de todo", según pudo reconstruir LA NACION a partir de tres fuentes. Y desafió, delante de los suyos: "A mí no me van carajear en público".

En forma paralela, Caló no se opuso para que una comitiva de su CGT activara canales de diálogo con los sectores opositores de Moyano y Luis Barrionuevo, que anhelan sumar al metalúrgico a una agenda común de reclamos. Los tres creen que si logran coincidir en sus pedidos y en abandonar los personalismos, la unidad de la CGT dejaría de ser un deseo imposible. Sobre algo de esto se debatirá hoy en una cumbre de la cúpula de la central oficialista, en la sede de los taxistas. Desde anteayer algo ya cambió: los dirigentes que antes se plantaban ante un posible acercamiento a Moyano se muestran más flexibles. Eso sí, con Barrionuevo no quieren saber nada. "Representa el sindicalismo nostálgico, el de los 70 y los 90", trazó un límite uno de los sindicalistas.

Tanto el ala moyanista como los dirigentes que comulgan con Caló coincidieron anoche en un mismo análisis: la Presidenta al menos reconoció la inflación. Ésta fue la mirada más positiva. Pero cayeron casi rendidos al percibir que el kirchnerismo toma cada vez más distancia de los sindicatos. Lo ratificaron al escuchar al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que tensó la cuerda al decir que el crecimiento de afiliados gremiales se debía sólo a la política que había aplicado el Gobierno.

MICHELI LANZÓ UN PLAN DE LUCHA CONTRA EL AJUSTE

El líder de la CTA opositora, Pablo Micheli, lanzó ayer un "plan de lucha contra el ajuste" y elevó un rosario de exigencias en las que se destaca el pedido de un aumento salarial del 35 por ciento.

Pese a haber criticado a Hugo Moyano por su reciente encuentro con Mauricio Macri, Micheli se reunirá en los próximos días con su par de la CGT para unificar sus reclamos.

Las demandas que hizo ayer la CTA son las siguientes: suba salarial del 35%; elevar el salario mínimo de 3600 a 8500 pesos; aplicar el 82% móvil para los jubilados; equiparar las jubilaciones y los planes sociales al salario mínimo; prohibir las suspensiones y los despidos por un año; conformar un plan antiinflacionario junto con los actores políticos, empresariales y sindicales, y derogar la ley antiterrorista..

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