Otro mensaje entrelíneas de Cristina: en la felicitación a La Bancaria, un llamado a endurecer la postura sindical

Otro mensaje entrelíneas de Cristina: en la felicitación a La Bancaria, un llamado a endurecer la postura sindical

La vice ve en la negociación bancaria un ejemplo de cómo enfrentar a las empresas en una "puja distributiva". Y ratifica su visión crítica de la economía

 

Con apenas tres palabras –"Felicitaciones compañero Palazzo"- Cristina Kirchner acaba de agregar otro eslabón a su diagnóstico de la crisis económica. El tuit en el que felicita al líder del sindicato bancario por haber cerrado la paritaria con una suba nominal de 60% en tres cuotas -y que tuvo como antecedente un paro de actividades en medio de la negociación- conlleva, una vez más, un mensaje crítico hacia el Gobierno.

Así, Cristina no sólo estaba transmitiendo la congratulación a un aliado político -Sergio Palazzo es también diputado del Frente de Todos- sino que estaba enviando un dardo dirigido al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, uno de los funcionarios cuya renuncia está reclamando el kirchnerismo.

Lo cierto es que la paritaria bancaria había trascendido el ámbito sectorial para transformarse en un símbolo de la disputa interna que se vive en la coalición gobernante. El sindicato acusaba a Moroni de estar favoreciendo la postura de los bancos, que habían ofrecido en primera instancia un 45% -en línea con la referencia que el propio ministro de Trabajo había fijado hace tres meses- y luego habían mejorado a 55%.

"Nos gustaría que el Ministerio de Trabajo, que forma parte de un gobierno peronista, equilibre las fuerzas para el lado de los trabajadores y no para el lado de los bancos y los banqueros", había sido la dura frase de Carlos Cisneros, dirigente de La Bancaria y también diputado del kirchnerismo.

Pero las críticas de los sindicalistas bancarios no terminaban en Moroni, sino que eran extensivas a la cúpula de la CGT, a la que acusaban de adoptar una actitud tibia en las negociaciones salariales. Esto motivó la respuesta indignada de Carlos Acuña, miembro del triunvirato de la central sindical, quien había dicho: "Palazzo critica a la CGT pero no a los que fugaron la plata por los lugares de trabajo de él que son los bancos, no jodamos. El problema está en los que se chorean la guita y nunca lo vi a Palazzo criticar. Ellos son los que manejan la información interna".

La crítica a una CGT tibia

 

Ese intercambio se daba en un contexto político enrarecido, que tuvo su símbolo máximo en el 1° de Mayo. Ese día, se dio la situación insólita de que hubo dos actos protagonizados por organizaciones piqueteras, uno de apoyo y otro crítico al Gobierno, pero la CGT no realizó convocatoria alguna.

Ese día la central se limitó a emitir un comunicado que fue, en realidad, un guiño a Alberto Fernández: lo eximía de tener responsabilidad en la inflación y culpaba a "los especuladores". Pero, sobre todo, la CGT mantuvo la línea moderada expresada tras la reunión tripartita con funcionarios y directivos empresariales -en las que se acordó la reapertura de paritarias-, sin enfatizar en el pago de un bono salarial por decreto, que venía reclamando el kirchnerismo.

Sergio Palazzo, líder del sindicato bancario, fustigó la actitud "tibia" de la cúpula de la CGT en las negociaciones salariales

 

"Cada organización sindical, por rama de actividad, conoce mejor que nadie las necesidades de sus trabajadores y las posibilidades empresarias de su sector", afirmaba un comunicado de la CGT. Una postura coincidente con la defendida por el ministro Moroni, quien había levantado polvareda al afirmar que, dado que las paritarias funcionan correctamente, eso garantiza la protección del salario sin que el Estado debiera pensar en otro tipo de medida intervencionista.

Mientras tanto, en abierto desafío a esa visión del Gobierno, Cristina Kirchner había otorgado un bono de $20.000 a los empleados del Senado, con lo cual confirmaba en los hechos la discrepancia con la política salarial oficial.

No era la primera vez, claro. Ya hubo una situación similar el año pasado, cuando la vice, también mediante un aumento salarial, había dado una señal sobre el fracaso de la política inflacionaria de Guzmán.

Hasta mediados de 2021, el ministro de Economía había conseguido, con relativo éxito, que las paritarias no se alejaran mucho del 30%, bajo la premisa de que la inflación se situaría en 29%. Y el punto de inflexión -que hizo que se revisaran todos los convenios, ante la evidencia de una escalada inflacionaria que superaría largamente la proyección oficial- fue el aumento del Senado.

Al otorgar un incremento del 40% para sus empleados, Cristina enviaba un mensaje claro a sindicatos y empresas: ya no se tomaba en serio la proyección oficial de Guzmán, consideraba caduco el "techo" que el ministro había tratado de instaurar y incitaba a los sindicatos a pedir reaperturas para defender el poder adquisitivo del salario.

Demoliendo la pauta del 45%

 

Un año después, al felicitar a Palazzo por una paritaria de 60%, Cristina está dando, a su modo, una pauta de lo que considera que debe ser la nueva cifra de referencia para las negociaciones salariales. Y deja en claro que tampoco confía en la promesa de Guzmán de que, a partir de abril, comenzó un sendero de disminución de la inflación.

Igual que el año pasado, el Gobierno también empezó este 2022 con una cifra "techo" para las negociaciones, que estaba en línea con la proyección de inflación que Guzmán tenía en mente. La cifra de 45% fue la que se aplicó al salario mínimo -y, por consiguiente, a los planes de asistencia que se rigen por éste, como el Potenciar Trabajo-.

Además, el 45% fue el número en el que se firmó el acuerdo salarial docente, que permitió empezar las clases en tiempo y forma. Esa paritaria, a la que el Gobierno asignaba mucha importancia por su repercusión ante la opinión pública y por el mensaje tácito a los otros gremios, había sido supervisada directamente por el ministro Moroni, que destacó la "responsabilidad" con la que había negociado el gremio docente.

Uno de los grandes sindicatos del sector privado que tomó esa referencia fue el los metalúrgicos, que en marzo firmó un incremento de 45% en tres cuotas. Días después de esa firma, el histórico dirigente Antonio Caló, aliado de Alberto Fernández, era desplazado de la conducción de la UOM por Abel Furlán, un ex diputado kirchnerista que de inmediato se plegó al discurso crítico de Cristina.

De hecho, fue en la asunción de la nueva dirigencia de la UOM que el diputado Máximo Kirchner dejó una frase dirigida a Alberto Fernández que provocó revuelo político: "Que no nos vengan a explicar lo que son situaciones difíciles".

Y, además, dejaba claro cuál debía ser, a criterio del kirchnerismo, la postura sindical: al recordar que en el gremio metalúrgico el salario en 2015 era de 2.000 dólares mientras hoy es de 900, se preguntó "quién se está quedando con lo que cobraba un trabajador en 2015" e instaba a "construir fuerzas para recuperar el poder adquisitivo del salario".

Abel Furlán, nuevo líder del sindicato metalúrgico, le imprimió un tono netamente opositor a un sindicato que estaba alineado con Alberto Fernández

 

Ahora, con la paritaria de los bancarios, esa consigna queda más explícita: según Palazzo, lo que llevó al paro no se debió a una actitud intransigente por parte del sindicato, sino que "nosotros queremos el mismo trato que el nivel de ingreso que ellos tienen".

En definitiva, un argumento en línea con la tesis kirchnerista de cómo se debe enfrentar a los grandes grupos empresarios en medio de una "puja distributiva": se ha puesto la lupa sobre los balances con ganancias de grandes empresas, a las que se acusa de fogonear la inflación y de captar mayor porcentaje de la renta.

Es una situción que desde el Gobierno se ha explicado con otra visión: el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas -otro de los cuestionados por Cristina- señaló que, así como en los períodos de recesión caen más rápido las ganancias empresarias que los salarios, en los momentos de recuperación económica se da el fenómeno inverso.

Paritarias cortas y la amenaza de la espiral

 

Aunque aquellas primeras paritarias firmadas con la referencia del 45% hayan ocurrido hace apenas dos meses, hoy parecen historia antigua. En el marco de la reapertura anticipada de paritarias, los ajustes salariales se ubicaron en el escalón de más de 50%.

Hubo negociaciones masivas, como la de comercio, que hace dos semanas firmó una mejora salarial del 59,5%, a completarse en siete tramos. El acuerdo fue seguido de cerca en el ámbito político, no solamente por la masividad del convenio -alcanza a 1,2 millón de asalariados- sino porque además se produce en medio de una interna caliente, en la que Ramón Muerza, aliado del clan Moyano, disputa la histórica hegemonía de Armando Cavalieri.

Pero además de las cifras más altas, uno de los cambios más notables de este momento es el de los acortamientos de la vigencia de los acuerdos, en el marco de la inflación creciente. Uno de los ejemplos que encarnan esta tendencia es el del gremio automotor Smata, que había firmado en enero un 12% para el primer trimestre y acaba de acordar un 15,4% hasta junio, cuando volverá a revisar los números.

El acortamiento en la vigencia de las paritarias es visto por los economistas como un síntoma de espiralización de la inflación

 

Esta nueva dinámica de acuerdos salariales cortos -uno de los temas en los que Cristina no ha criticado explícitamente al Gobierno- ha sido recibido con alarma por los economistas, que ven un síntoma de espiralización inflacionaria.

"Cuanto mayor sea el aumento de salarios nominales que logren los sindicatos, mayor será la tasa de inflación del año, porque a los empresarios no les quedará otra que traspasar esas subas a los precios. No discuten el salario real, discuten el nivel de inflación", apuntó Marcos Buscaglia, ex economista jefe de Bank of America Merrill Lynch.

En la misma línea, el último acuerdo de los bancarios fue cuestionado por analistas que prevén un inexorable traslado de los mayores costos operativos a las comisiones que los bancos cobran a sus clientes. Es decir, una mayor nominalidad que empuja la espiral inflacionaria.

Posicionándose ante una "semana caliente"

 

Lo paradójico de esta actitud de Cristina, que incita a los sindicatos a exacerbar la actitud negociadora agresiva en las paritarias, es que se contradice con la que ella misma había sostenido cuando se sentaba en el mismo sillón de la Casa Rosada que hoy ocupa Alberto Fernández.

Fue particularmente elocuente durante las paritarias de 2012, cuando demostró su conciencia respecto de cómo las subas salariales que superan la capacidad de pago de las empresas pueden poner en riesgo la actividad productiva.  

"Pido a los dirigentes sindicales que tengan responsabilidad, porque cuando se arman los barullos en los cuales todos gritan para ver quién puede lograr más, y después de pudre todo, los dirigentes se van a sus casas, que nunca son pobres, y los trabajadores son los que se quedan sin empleo", decía la entonces presidente hace una década.

Pero claro, en diez años "pasaron cosas", como diría Mauricio Macri. Hoy Cristina no sólo no ocupa la presidencia, sino que está encaramada en la posición de líder opositora. Y estos mensajes en que reclama al Gobierno una actitud confrontativa dejan en claro, además, que la vice necesita legitimarse ante sus bases en un momento de crisis.

No es casual el "timing" de las críticas de Cristina: la semana próxima, en medio de la primera revisión de las cuentas nacionales por parte del Fondo Monetario Internacional, se conocerá el dato de la inflación de abril y se realizarán las audiencias para la suba de tarifas públicas. Como ruido de fondo, habrá tres jornadas de protesta piquetera que culminarán con un acto en la plaza de Mayo.

Cristina, más que nunca, quiere tomar distancia de las medidas económicas impopulares. Y la paritaria bancaria le dio otra oportunidad para reforzar ese perfil.

 

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