“El problema de la CGT es que nunca tomó la definición de pelear contra Macri"

“El problema de la CGT es que nunca tomó la definición de pelear contra Macri

La dirigenta del gremio de judiciales porteños cuestiona a la conducción de la central y destaca la consolidación del polo sindical opositor. El feminismo como motor de la unidad sindical.

El jueves 4 de abril, las principales organizaciones sindicales del país van a movilizar al centro de Buenos Aires para expresar el rechazo al plan económico oficial. La convocatoria trae consigo también algunos debates subterráneos -y otros no tanto- sobre el papel que cumple la conducción de la CGT en pleno gobierno neoliberal. “El problema de la CGT es que nunca tomó la definición política de pelear contra este gobierno”, le dice a Letra P Vanesa Siley, la secretaria general del gremio de judiciales porteños y, con esa definición, resume cuál es la mirada de la Corriente Federal de Trabajadores, uno de los principales núcleos del sindicalismo opositor que conducen el bancario Sergio Palazzo y el gráfico Héctor Amichetti.

”Desde el 'poné la fecha' (al paro) hasta hoy, esa demanda de las bases se incrementó proporcionalmente al nivel en que se incrementó la desocupación.”

Antes de la foto que mostrará a todo el sindicalismo junto duranta esta semana, Siley pondera el camino de unidad que se viene forjando por fuera de la “institucionalidad” de la principal central obrera del país. La referencia es al Frente Sindical para el Modelo Nacional, el espacio donde confluyen los gremios moyanistas, el SMATA y la CFT y desde donde presionan a la cúpula cegeteista para que defina un rumbo más duro contra el Gobierno, algo que, asegura Siley, es un reclamo de todos los trabajadores.

”Desde el 'poné la fecha' hasta hoy, esa demanda de las bases se incrementó proporcionalmente al nivel en que se incrementó la desocupación”, justifica sobre el reclamo para que se convoque al quinto paro nacional en la era Cambiemos.

En pleno auge del movimiento feminista, la sindicalista, también diputada nacional por Unidad Ciudadana desde 2017, afirma que el proceso de reivindicación protagonizado por las mujeres caló hondo en las organizaciones gremiales y que, además, abonó al trabajo de unidad de las trabajadoras.

“Pese a que están catalogadas como actores conservadores, nuestras organizaciones son el actor de la sociedad civil más permeables a lo que sucede en su entorno”, señala y menciona el surgimiento de Mujeres Sindicalistas, un ámbito de encuentro donde participan militantes de todas las centrales gremiales. Incluso se arriesga a decir que algunas de las principales conquistas gremiales de los últimos años tienen que ver con la agenda feminista.

BIO. 35 años. Al frente del Sindicato de Trabajadores de la Justicia (Sitraju), protagonizó la fundación de la organización que nucleó a los judiciales porteños que se enfrentaron a Julio Piumato. En 2017 fue electa diputada nacional por la lista de Unidad Ciudadana que encabezó CFK. Integra la mesa de conducción del Frente Sindical para el Modelo Nacional, que integran los gremios moyanistas, el SMATA y la Corriente Federal de los Trabajadores.

-¿Cómo impacta la crisis ecónomica en los judiciales porteños?

-Hoy estamos en plena negociación paritaria. El año pasado tuvimos una relativamente buena, terminamos sacando un 42%, ya que, más que por las medidas de fuerza, que fueron muchas igual, pesó la alianza estratégica que hicimos con las asociaciones de magistrados y funcionarios de la Ciudad. Eso llevó a que nuestra paritaria sobresaliera por sobre el resto de las de la Ciudad de Buenos Aires, como docentes, municipales... y nos dio un poco de aire en este escenario.

-¿Y para este año? ¿Qué porcetanje y mecanismo de revisión reclaman?

-Estamos pidiendo que se vuelva a aplicar un mecanismo que llamamos paritaria abierta, que es una discusión cada tres o cuatro meses. El año pasado lo solicitamos por primera vez y lo logramos. O sea, el año pasado tuvimos una enorme conquista, que fue la paritaria abierta. Si no, no hubiéramos llegado al 42%.

-¿Esa puja salarial implicó medidas de fuerza?

- En 2017 hicimos ocho y el año pasado habremos andado por ahí. A veces las medidas de fuerza, que es la última herramienta que tiene que utilizar un sindicato, no llevan a resolver el problema. Obviamente, si no hubiéramos tomado ninguna medida de fuerza no hubiéramos tenido prácticamente aumento salarial. Pero siempre ahí aparece la discusión de fondo, que es el modelo económico, en definitiva.

-La CGT, justamente, viene planteando la inconveniencia de lanzar un paro por el impacto negativo que podría tener en este escenario político y, en cambio, propone discutir el modelo de país de los trabajadores. Un análisis similar al que hace.

-La diferencia es que la CGT es el órgano político de los trabajadores, no es un sindicato de base. La CGT no pelea salarios, pelea un modelo de país. Ésa es la diferencia. Un dirigente de la CGT no puede aplicar la lógica de una medida de fuerza de un sindicato de base. La central obrera primero discute con las fuerzas vivas del sector del capital: Unión Industrial Argentina, Sociedad Rural Argentina o Poder Ejecutivo Nacional. Pero siempre ahí aparece la discusión de fondo, que es el modelo económico, en definitiva. Los mejores gremios del mundo, que triplicaron y cuadruplicaron su cantidad de afiliados durante kirchnerismo, no lo hicieron solamente por ser los mejores gremios porque esos mismos dirigentes hoy están perdiendo afiliados. ¿A qué se debe entonces? Al modelo económico.

-Muchos reclamos no son nuevos, fueron planteados también al gobierno anterior.

-Antes los sectores de la CGT querían discutir solamente con el Estado nacional y no hacían este análisis político del modelo. Y no discutían con los actores que presionaban al Estado nacional para que las políticas vayan para el lado contrario al que iban.

-Y ahora, ¿como definiría la posición de la conducción de CGT?

-El problema de la CGT es que no tomó la definición política de pelear contra las políticas de Macri, de confrontar con el Gobierno. Si hubiera tomado esa definición política, la táctica, el método, las medidas a tomar son una parte de la discusión. Es más, es la más pequeña porque es la metodológica. Lo que nosotros discutimos con la CGT no es su metodología, es su definición política, porque representa a todos los trabajadores y trabajadoras argentinos. No se puede uno andar haciendo el distraído con semejante peso o jugando en la cornisa. Se han perdido millones de puestos de trabajo y todo lo que ya sabemos todos.

-¿La Corriente Federal de los Trabajadores considera entonces que existe una presión por parte de los trabajadores para convocar a un paro general y que la CGT lo desoye?

-Totalmente. Desde “poné la fecha” hasta hoy, esa demanda de las bases se incrementó proporcionalmente al nivel que se incrementa la desocupación, la pérdida del poder adquisitivo y la violencia social. Así y todo, después de estos años terribles para el pueblo, la sociedad argentina no deja de tener una enorme capacidad de organización y movilización. Enorme. Eso es algo por lo que cualquier ciudadano argentino se tiene que sentir orgulloso.

-¿La movilización del 4 de abril es un intento por recomponer la unidad sindical o es una herramienta de descompresión de la CGT?

-La unidad sindical existe a pesar de todo. La diferencia entre la unidad sindical y que esa unidad esté institucionalizada es la diferencia. Sin embargo, hay que remarcar que el 4 de abril vamos a ir todos a una marcha. Y se gestó a través de los canales orgánicos de la CGT. Desde la comisión de Industria, que preside Rodolfo Daer, los gremios industriales, principalmente de la CFT, presionaron y lograron la medida de fuerza junto con los gremios de las industrias automotriz y metalmecánica, que son UOM y SMATA, que están en la peor situación de la historia del macrismo.

-Pero una movilización conjunta no quiere decir unidad…

-Desde ya. La unidad que planteamos nosotros viene ocurriendo. Empezamos siendo la Corriente Federal en 2016, en el año 2017 empezamos con articulaciones con otros sectores de CGT y con las dos CTA. Y el año pasado lanzamos el Frente Sindical para el Modelo Nacional, donde ya se incorporan todos los gremios de Camioneros y el SMATA. A eso hay que sumarle que las regionales del interior del país además tienen otra realidad, porque las diferencias de la Capital no existen. Hay que contar otra faceta de la unidad que conseguimos las mujeres sindicalistas: desde hace dos años congregamos absolutamente a todas las centrales, incluida la de la Economía Popular, en un único ámbito.

-¿Cuál es el ámbito en el que confluyen todos estos sectores?

-En Mujerese Sindicalistas. Ahí participan la CTA de Hugo “Cachorro” Godoy, la CTA de Pablo Micheli, la CTA de los Trabajadores de Hugo Yasky, la CTEP, la CNCT y las sindicalistas de la CGT. Esa unidad también nosotras la queremos ponderar. Esto lo menciono, además, porque desde ahí también se frenó también la reforma laborar encubierta a Macri en la Cámara de Diputados. Era una ley que se titulaba Equidad de Género en el Mundo Laboral y estaba destinada a intervenir organizaciones sindicales y flexibilizar el trabajo.

-Antes mencionaba la necesidad que haya representación política de las organizaciones sindicales ¿Qué expectativas tienen para este año después de que en 2017 Cristina incluyó en las listas a un sector más propio del mundo sindical?

-Yo hago una distinción: no creo que el sector que incluyó Cristina haya sido un sector propio, fue del sector que estaba luchando. Creo que ese fue el cambio sustancial. Muchas veces han entrado diputados del movimiento obrero por parte del peronismo, pero muy pocas veces esa definición se tomó fuera de una mesa de rosca. Y en el año 2017 Cristina tomó esa definición en base a los que estaban luchando, no en base a una mesa de cúpula. Ojalá sigamos en esa línea.

-Uno de los hechos más importantes en términos políticos fue el reencuentro de Cristina y Moyano. ¿Fue una autocrítica mútua sobre las peleas del pasado o una consecuencia de la gravedad de la situación actual?

-Ambos comparten el análisis de la realidad actual y saben que la unidad es el camino. Y, como dirigentes de la primera línea política de la Argentina, comprenden que eso es más importante que cualquier otra cosa. Eso es un primer análisis. Nunca hubo diferencias ideológicas ahí. Hubo una disputa de poder y por eso se puede saldar, porque no hay diferencias ideológicas.

-¿Cuál es la situación de las mujeres en el mundo sindical?

-Es un buen momento, a pesar de todo. Las organizaciones sindicales, pese a que están catalogadas de actores conservadores, son las más permeables a lo que sucede en su entorno. El feminismo permeó en las organizaciones sindicales.

-¿Cómo se expresa esa permeabilidad?

-Un ejemplo es que todas las organizaciones sindicales están en proceso de incrementación de licencias en sus convenios colectivos, pese a un contexto tan duro para conseguir avances de derechos… Así y todo, si se avanzó en un derecho fue en materia de género en los gremios. Eso es gracias al contexto social. El problema es que hay actividades industriales, principalmente, que no tienen mujeres trabajando en esos sectores. Por lo tanto es equivocado buscar que represente algo que no es. ¿Cómo vas a pretender que haya 50% de mujeres en el sindicato de la Unión Obrera Metalúrgica, o 30%, si hay 2% de mujeres trabajando? ¿De dónde sacan las mujeres? Sería una representación ilegítima.

“Las organizaciones sindicales, pese a que están catalogadas de actores conservadores, son las más permeables a lo que sucede en su entorno. El feminismo permeó en ellas.”

-Sin embargo, hay seccionales del interior que tienen a la cabeza mujeres, ¿no?

-Sí, claro, hay excepciones. La cuestión acá es que no tenemos que apostar a los casos raros, sino a cómo es la realidad. No queremos que haya más mujeres que varones en los gremios si no hay más mujeres que varones en la actividad trabajando.

-La presencia de las mujeres en la cúpula de CGT sigue siendo muy escasa.

-¿Y qué lugares? Esa es la división sexual del trabajo, también. Nosotras somos maestras, enfermeras, trabajadoras de la administración pública y de casas particulares en un 70% de los puestos que ocupamos. Entonces, nuestra demanda tiene que ser múltiple, tiene que ir direccionada a distintos sectores y factores: la cultural, al empresariado y, por supuesto, el Estado, porque el Estado es el que determina las políticas sociales y la economía. Y a los sindicatos en consecuencia, como último. Es la superficie, es lo que se ve, pero es así porque abajo es de toda esta otra manera. Si atacamos bien el problema vamos a plantear bien la solución y la vamos a encontrar. Si planteamos mal el problema, no vamos a encontrar nunca la solución. Ese es uno de los grandes problemas que nosotras, como mujeres sindicalistas, tratamos de discutir con nuestras compañeras pares del movimiento feminista: que se comprenda cuál es el problema así todas vamos al mismo punto de reclamo.

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