Por qué los cambios aceptados por el Gobierno en la reforma laboral pueden ser un alivio y, a la vez, una trampa para la CGT

Por qué los cambios aceptados por el Gobierno en la reforma laboral pueden ser un alivio y, a la vez, una trampa para la CGT

La intimidad de las negociaciones para modificar el proyecto en favor de los gremios, donde hubo una concesión clave al poder sindical, y la dispar imagen que dejó la movilización ante el Congreso, con un final copado por la violencia

Por Ricardo Carpena

¿Habrá más cambios en la reforma laboral que beneficien al gremialismo? Es la expectativa que tiene la CGT, cuyos líderes siguen negociando en secreto con el Gobierno para atenuar o eliminar artículos del proyecto que afectan al poder sindical. No parece descabellada esa aspiración. Después de todo, en la noche del miércoles se conoció una modificación de último momento en el proyecto que deja a salvo las cuotas solidarias, ese aporte clave para el financiamiento de los sindicatos que los libertarios querían limitar y ahora buscan mantener.

Se agrega a otros cambios aceptados por la Casa Rosada para garantizar la sanción de la reforma laboral, como la eliminación de un artículo que bajaba las contribuciones patronales para las obras sociales, que puede explicar por qué la columna principal de la CGT tuvo un paso casi fugaz por la zona del Congreso en la que se hizo la movilización contra la reforma laboral. Fue una protesta decidida más para contener al ala dura que para castigar a un gobierno con el que sus máximos jefes están en tratativas para quitarle el sesgo antisindical al proyecto.

Con la propuesta de salir a protestar en la calle cuando comenzaba el debate en el Senado, la cúpula de la CGT logró desactivar los planteos de paros de 12, 24 y 48 horas que hicieron dirigentes ultraopositores y que, en caso de haberse aprobado, iban a complicar el diálogo con el Gobierno para suavizar la reforma laboral.

Así se llevó a la movilización de este miércoles ante el Congreso, donde pareció que la CGT cumplía un trámite a desgano: sus principales dirigentes, encabezados por el triunvirato, estuvieron en la zona no más de media hora y se fueron rápidamente antes de que la izquierda y otros sectores combativos comenzaran a generar graves incidentes, que incluyeron piedras y bombas molotov.

“Los sectores ultra fueron preparados para eso. Los extremos se unen y son funcionales entre sí“, dijo Gerardo Martínez (UOCRA), uno de los adalides del sector dialoguista, a Infobae. Y destacó que la movilización al Congreso resultó “interesante y acorde con la estrategia que se decidió en la CGT a partir de la soledad en la que estamos luego del triunfo del Gobierno en las elecciones de octubre pasado”.

“Mantenemos la postura de no dar ni un paso atrás -advirtió-, pero esperamos tener el volumen político que corresponde cuando la ciudadanía pierda la paciencia y ahí estará la CGT, sólida y fuerte”.

Juan Pablo Brey y Juan Carlos Schmid, de la CATT, en la movilización de la CGT

La violenta postal que dejó la concentración, que en la CGT estimaban altamente probable, disimuló los reclamos de “paro general” efectuados en la calle por los sectores más duros y la ausencia de varios líderes sindicales en la columna principal de la central obrera.

Al margen de esas sutilezas, en la movilización reapareció Pablo Moyano al frente de los manifestantes de Camioneros, pero la principal novedad es que antes había estado con Hugo, su padre, en la sede del sindicato y ambos posaron para una foto como si hubieran declarado una tregua en la feroz pelea que mantienen desde fines de 2021. Detrás de ellos se ve una vieja foto donde el líder del gremio está junto a Saúl Ubaldini. ¿Una forma sutil de anticipar que apuntan a equiparar el récord de 13 paros generales contra el gobierno de Raúl Alfonsín que alcanzó el ex titular de la CGT?

Los sindicatos que se destacaron por sus columnas numerosas fueron UPCN, Camioneros, la UOCRA, UDA, Obras Sanitarias, la CATT (liderada por Dragado y Balizamiento y Aeronavegantes), la UTEP (gremio de los movimientos sociales) y el FRESU (el frente que integran la UOM, ATE, las CTA, Aceiteros y Pilotos), entre otros.

Hugo Moyano y Pablo Moyano, posando juntos como si hubiera una tregua en su pelea

De todas formas, para la CGT fue más sustancial que la movilización callejera el hecho de que el Gobierno siguió mostrando voluntad de corregir la reforma laboral. Mientras Patricia Bullrich anunciaba este martes los cambios en la reforma laboral, su equipo técnico estaba redactando otras modificaciones: la más significativa fue una que beneficiará aún más a la CGT en su pelea desesperada por conservar intacta la “caja sindical”.

En efecto, el Gobierno había incluido en el proyecto un artículo que afectaba al sindicalismo porque decía que los empleadores “podrán” ser agentes de retención de las cuotas de afiliación, “siempre que medie conformidad expresa del trabajador y acuerdo entre las partes”.

Pero la última versión de la reforma laboral eliminó directamente ese artículo, que lleva el número 137, por lo que quedará vigente la ley actual, que le conviene al gremialismo porque establece la obligatoriedad de que los empleadores sean agentes de retención y no sólo de la cuotas de afiliación sino también de “otros aportes”.

Esa es una mención clave porque también alude a las cuotas solidarias, esos aportes compulsivos que se pactan en los convenios colectivos de trabajo y se descuentan de los sueldos de los afiliados y los no afiliados. Y que para la CGT son sacrosantos porque se convirtieron en la base del financiamiento de la mayoría de los sindicatos a través de millonarios fondos que reciben de todos los trabajadores de una actividad.

Son los que Federico Sturzenegger llamó “peajes sindicales” y quiso cambiar desde que Javier Milei llegó a la Presidencia. La CGT logró frenar en la Justicia la fórmula libertaria contemplada en el DNU 70 para limitar esos aportes, que fue la exigencia de que para descontar el aporte tenía que haber un consentimiento explícito por parte del trabajador. Eso mismo se incluyó en la primera versión de la reforma laboral y finalmente desapareció por las presiones de la CGT ante el Gobierno.

El proyecto con cambios anunciado por Bullrich estipulaba que las cuotas solidarias tendrán un tope del 2 por ciento y se mantendrán hasta el 1° de enero de 2028 ya que desde entonces tendrán que ser voluntarias (lo mismo sucederá con los aportes patronales especiales previstos en las convenciones colectivas de trabajo).

El cotitular de la CGT Jorge Sola, al frente de la columna del Sindicato del Seguro

La corrección de último momento de la reforma laboral beneficia aún más a los sindicatos y en la CGT ahora aseguran que negocian otros cambios en el proyecto que les darán alivio en temas decisivos como la ultractividad de los convenios y los convenios por empresa, dos puntos que el Gobierno mantuvo hasta ahora en su versión dura y que ponen en jaque al modelo sindical argentino porque debilitan al tradicional unicato.

Algunos que no comparten la estrategia de la cúpula de la CGT alertan que la misma solución que encontraron para cambiar la reforma laboral puede convertirse en una trampa: “Arreglaron todo lo que ponía en peligro la caja sindical, pero la gente no les va a perdonar que no se hayan cambiado artículos que afectan a los trabajadores en materia de indemnizaciones, banco de horas o vacaciones”, dijo a Infobae un dirigente del ala dura.

El secretario adjunto de la CGT, Andrés Rodríguez (UPCN), insistió en que la reforma laboral “realmente quita derechos tanto individuales como colectivos a los trabajadores y no va a generar empleo”. Y admitió: “Entendemos que hubo cambios aparentemente favorables hacia el movimiento sindical, pero de cualquier manera rechazamos totalmente este proyecto”.

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