Reforma laboral: se intensifican los debates y las diferencias internas en la estrategia de la CGT para frenar el proyecto

Reforma laboral: se intensifican los debates y las diferencias internas en la estrategia de la CGT para frenar el proyecto

La mayoría de la cúpula buscará negociar cambios sin apurar un paro general contra la reforma laboral, pero el ala dura quiere salir a la calle para desgastar a Javier Milei.

 

Si bien todavía no se puede hablar de una tensión interna tan fuerte como antes de la elección de sus nuevas autoridades, en la CGT se están intensificando los debates y las diferencias en la estrategia para frenar el proyecto de reforma laboral.

Por un lado, el ala dialoguista, mayoritaria en la cúpula elegida el 5 de octubre, negociará en varios frentes sin acelerar los tiempos de un nuevo paro general. Mientras que el sector duro no aceptará ni siquiera una versión atenuada de la reforma laboral y está decidido a encarar protestas en las calles para desgastar a Javier Milei.

El triunvirato de la central obrera tiene un claro signo dialoguista, ya que esa es la impronta de Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguro) y Cristian Jerónimo (Empleados del vidrio). Pero también es el mismo sesgo negociador de quienes impulsaron sus designaciones, y que aun en un segundo plano tienen una influencia decisiva.

A Argüello lo apadrina Hugo Moyano (Camioneros), Sola fue promovido por “los Gordos” Héctor Daer (Sanidad) y Armando Cavalieri (Comercio), y Jerónimo logró su encumbramiento gracias al apoyo de Gerardo Martínez (UOCRA) y un sector liderado por Sergio Sasia (Unión Ferroviaria).

Quién son los mayores opositores a la reforma laboral

En todos los casos se trata de dirigentes de estirpe dialoguista que estuvieron aliados en la anterior conducción de la CGT, aunque Daer mantuvo (y mantiene) una postura más intransigente contra el Gobierno, que, según sus rivales internos, obedece al hecho de que es uno de los principales pilares sindicales que apuesta por el proyecto presidencial de Axel Kicillof.

Juan Pablo Brey y Juan Carlos Schmid, dos de los integrantes del ala dura contra la reforma laboral

De los 36 sindicatos que integran el Consejo Directivo de la CGT, hay 10 más identificados con posturas ultraopositoras. Por ejemplo, los alineados con el kirchnerismo (UOM y bancarios), los del transporte (Dragado y Balizamiento, Aeronavegantes y La Fraternidad) y algunos que mantienen una feroz disputa con el Gobierno como UATRE, cuya poderosa obra social está intervenida por la administración de Milei.

Pero hay que aclarar que esto no significa que los 26 sindicatos restantes de la cúpula de la CGT vayan a mantener una postura dialoguista a rajatabla. Si bien los dirigentes más moderados buscan negociar, y tienen canales de diálogo abiertos con el Gobierno, ninguno piensa inmolarse en ese intento si finalmente no logra resultados.

Lo que suceda este mes de enero con la reforma laboral será clave. La CGT buscará todos los caminos posibles para introducir cambios en el proyecto oficial porque algunos artículos dinamitan el poder sindical, su financiamiento o afectan derechos de los trabajadores. 

Por eso es que se reforzarán las reuniones con gobernadores y legisladores, para asegurar que Milei no tenga los votos suficientes en el Congreso para sancionar la iniciativa tal como está.

El sindicalismo contra la reforma laboral: ¿un paro general en marzo?

De la misma forma, la dirigencia cegetista apelará a sus fluidos contactos con el sector político del Gobierno (el asesor presidencial Santiago Caputo y los Menem, Martín y Lule, alineados con Karina Milei) para tratar de que la reforma laboral sea menos “hostil” hacia el gremialismo.

Aun así, parece imposible que en la calle Azopardo avalen la reforma laboral aunque quede una versión pasteurizada, de la misma forma que no lo hizo cuando se sancionó la Ley Bases.

Y eso fue así a pesar de que la presión sindical había conseguido, a través de las gestiones del diputado Miguel Angel Pichetto, que el Gobierno accediera a eliminar 42 artículos del capítulo laboral del proyecto que eran objetados por los gremialistas, como una forma de garantizar la aprobación parlamentaria de la iniciativa.

Lo más probable, entonces, es que aunque la CGT consiga desactivar varios artículos de la reforma laboral que rechaza, igual se decida avanzar en marzo hacia otro paro general para descomprimir las tensiones internas y graficar el rechazo conceptual del sindicalismo a cualquier intento de modificar las leyes laborales.

De hecho, en la movilización del 18 de diciembre a la Plaza de Mayo sus cotitulares ya anticiparon que si el Gobierno no accedía a negociar la reforma laboral iban a concretar otra huelga general. 

Y hay que destacar que en la central se visualiza el mes de marzo como decisivo, porque prevén que, tras el receso veraniego, habrá más cierre de empresas y despidos de trabajadores, lo que configurará un escenario ideal para embestir contra el Gobierno.

Comentá la nota